Estos monumentales escudos heráldicos, que superan los dos metros y medio de altura, se encuentran en el muro del crucero: uno en el ala norte, junto a la puerta de las Cadenas, y el otro en el ala sur, en la puerta del Sol. Ambos están situados sobre soberbios canceles de maderas nobles del siglo XVIII, requiriendo que los visitantes alcen la vista para apreciarlos.
Los emblemas reflejan la ambiciosa política matrimonial de Fernando V de Aragón, conocido como el Católico, cuyo objetivo era aislar a Francia y consolidar la unificación de la península ibérica. Cuando Felipe II ascendió al trono en 1556, heredó un vasto y complejo territorio, cuyas armas reales fueron fielmente representadas por los oficiales reyes de Armas y heraldos de la época.
La armería, policromada y enmarcada en un gran círculo de mampostería, incluye un águila de sable con las alas desplegadas y garras de oro, que sujeta la parte inferior del soporte. De este pende el Gran Collar de la Orden del Toisón de Oro, y el conjunto está rematado por una corona abierta de oro con pedrería. Dos cabezas de león de oro emergen en la parte superior, a cada lado de la cabeza del águila de San Juan, divisa de la reina Isabel la Católica.
El Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico considera estas obras anónimas. Sin embargo, investigaciones sugieren que el artista italiano César Arbassia, especialista en pintura y dorado, pudo haber iniciado los trabajos de estos escudos durante las reformas de la catedral en el siglo XVI, bajo el mandato del obispo Francisco Pacheco y Córdoba (1575-1587).
Una particularidad destacada es una anomalía heráldica en uno de los cuarteles, perteneciente a Austria Moderna, que muestra un arca de oro con tapa abierta y tres troncos a sus pies. Se cree que esta figura simboliza el Arca de la Alianza del Antiguo Testamento, una inusual adición que ha pasado desapercibida y que podría representar una concesión del programa iconográfico de la Catedral o del propio obispo Pacheco Córdoba para sacralizar el Patronato Real.




