Un equipo internacional de científicos, con participación destacada de investigadores del instituto IBIMA de Málaga, ha conseguido un avance relevante en el estudio del glioblastoma, un tipo de tumor cerebral conocido por su agresividad y mal pronóstico. La investigación se ha centrado en el uso de materiales de vanguardia y técnicas avanzadas para analizar modelos tridimensionales (3D) de este tumor.
El estudio, liderado conjuntamente por Tanja Dučić, científica del Sincrotrón ALBA y profesora en la Universidad de Belgrado, y Elena González, responsable de un grupo de investigación en IBIMA Plataforma BIONAND y profesora de Biología Celular en la Universidad de Málaga, ha empleado un nanocompuesto activado y analizado con luz de sincrotrón. Los resultados, informados por la Junta de Andalucía, muestran una respuesta significativa en los modelos 3D de glioblastoma.
Para la investigación, se utilizaron esferoides 3D de células de glioblastoma derivadas de pacientes, comparándolos con esferoides de astrocitos como control no tumoral. El objetivo era observar la respuesta de estos complejos sistemas biológicos a un nanocompuesto basado en 'carbon dots' (nanomateriales) y el fármaco riluzol, evaluando las modificaciones moleculares resultantes.
La resistencia del glioblastoma a tratamientos convencionales y su heterogeneidad molecular han impulsado la necesidad de desarrollar modelos experimentales más precisos. Los esferoides tridimensionales, que imitan mejor la arquitectura y comunicación celular de un tumor real, han sido clave para este estudio, ofreciendo un entorno experimental más realista para analizar la respuesta tumoral a nuevas aproximaciones terapéuticas.
Los resultados del nanocompuesto, que combina 'carbon dots' y riluzol, han revelado modificaciones moleculares detectables en los esferoides de glioblastoma, especialmente en regiones espectrales asociadas a ácidos nucleicos, lípidos y proteínas. Estas alteraciones fueron más pronunciadas en los modelos tumorales que en los de astrocitos, demostrando una respuesta diferencial.
La microspectroscopía infrarroja, utilizando la radiación sincrotrón de alta intensidad y precisión, ha actuado como un 'supermicroscopio' molecular. Esta técnica no invasiva ha permitido detectar cambios bioquímicos sutiles en proteínas, lípidos y ácidos nucleicos sin necesidad de marcadores químicos, cartografiando los efectos del tratamiento con una resolución sin precedentes.
El análisis ha revelado alteraciones en el ADN de las células cancerosas, signos de estrés oxidativo y modificaciones en el plegamiento de proteínas, comprometiendo la viabilidad del glioblastoma. Un hallazgo prometedor es la selectividad del tratamiento, identificando respuestas moleculares diferenciadas entre los esferoides de glioblastoma y los astrocitos, lo que aporta información crucial sobre la sensibilidad celular.




