Las generaciones de 'boomers', nacidas entre 1956 y 1973, se caracterizan por ser las más formadas de la historia y por haber adoptado modos de vida distintos, con menos hijos y relaciones más diversas. Esta realidad, según el director científico del programa de personas mayores de la Fundación “la Caixa”, Javier Yanguas, se traducirá en una vejez con una red de apoyo familiar significativamente menor que en generaciones anteriores.
Yanguas explica que, a diferencia de sus madres o abuelas, las generaciones actuales han tenido proyectos de vida personales al margen de la familia. Esto genera una expectativa diferente sobre los cuidados en la vejez. Muchas mujeres, que han sido cuidadoras, no desean trasladar esa responsabilidad a sus hijos, argumentando las dificultades que enfrentan las generaciones jóvenes (acceso a la vivienda, precariedad laboral, etc.) y sin querer ser una carga adicional.
“"Vienen realidades muy aisladas y vejeces muy largas; necesitamos planificar pero da miedo pensarlo"
Ante este panorama, la tecnología puede ser una aliada, pero no la solución definitiva. Yanguas aboga por combinar la innovación en servicios con un enfoque humano y comunitario, reconociendo que el cuidado también implica "la mano amiga". La pirámide demográfica, con menos cuidadores potenciales y realidades familiares complejas (hijos únicos cuidando de múltiples familiares), acentúa la necesidad de preparación.
Una jubilación que puede durar entre un cuarto y un tercio de la vida exige una planificación que va más allá de lo económico. "Necesitamos planificar un poco esas vejeces; ponerles un poco de norte para que tengan sentido pese a las situaciones frágiles a las que se enfrentan y poder percibir calidad de vida", señala el experto. Esto incluye definir cómo queremos ser cuidados y cómo queremos relacionarnos con nuestros hijos en esta etapa.
“"Tenemos que aprender que la soledad es parte de la condición humana"
Finalmente, Yanguas aborda la soledad no deseada, proponiendo un cambio de narrativa: en lugar de tratarla como una enfermedad o un simple problema de falta de compañía, debemos aprender a "habitarla" y a vivir con ella, capacitando a las personas para gestionar esta parte inherente de la condición humana.




