Aunque la configuración de las listas para el Parlamento andaluz parece resuelta, con la continuidad de figuras clave, persisten las tensiones dentro de la formación. Algunos sectores internos intentan condicionar la posición del presidente provincial, una situación que ya se ha vivido en etapas anteriores del partido.
Estas voces, aunque no siempre visibles en los actos públicos, mantienen una influencia considerable en las decisiones internas. Se especula sobre su capacidad para adelantar movimientos estratégicos, como la elección de candidaturas para la capital, incluso antes de que la dirección provincial se pronuncie oficialmente.
“"Dentro del partido, hay quienes piden una mano más interventora en el discurrir del partido en el Santo Reino. Menos dejar fluir el manantial actual de votos y más obras de ingeniería política."
La dirección provincial podría estar experimentando el llamado “síndrome del impostor”, una sensación de duda sobre las propias capacidades y logros, especialmente al estar rodeado de figuras con gran experiencia. Esta situación se agrava por la constante crítica de algunos miembros que cuestionan su autoridad.
Los antecedentes en la capital tampoco favorecen un ambiente de tranquilidad, especialmente tras la pérdida de la alcaldía en un momento de aparente fortaleza del partido. Este hecho evidenció una falta de peso específico en la gestión de alianzas, como la que se intentó con Jaén Merece Más.
A pesar de estas dinámicas internas, el Partido Popular sigue gozando de una buena posición en las encuestas. La atención a las agrupaciones locales, antes olvidadas, y el poder que confiere la gestión, han contribuido a consolidar su base, aunque la necesidad de una renovación más profunda sigue siendo un debate abierto.




