En diversas zonas de España, especialmente en los destinos más concurridos por turistas, algunos establecimientos hosteleros han comenzado a implementar una política de consumo mínimo para grupos que desean juntar dos o más mesas. Esta medida, que puede sorprender a los clientes, plantea la disyuntiva de dividir los grupos o aceptar la norma del local.
La legalidad de esta práctica radica en que el establecimiento debe informar claramente a los clientes de antemano, ya sea mediante avisos verbales o carteles visibles. Aunque la idea de un consumo mínimo por mesa unida no es universalmente aceptada, otras normas como el consumo mínimo en terraza o la solicitud de permiso para mover mesas son consideradas más lógicas por algunos, dada la inversión y el esfuerzo que implica mantener estos espacios.
En la Bahía de Cádiz, esta práctica específica de consumo mínimo por unir mesas no se ha observado de forma generalizada, aunque sí existen carteles que indican un consumo mínimo en terraza o la necesidad de consultar al personal para juntar mesas. Estos últimos se perciben como razonables, considerando los costes asociados a las terrazas y la complejidad operativa para el personal.
La evolución del sector hostelero trae consigo cambios que buscan optimizar la rentabilidad, como la rotación de clientes. Sin embargo, medidas como limitar el tiempo para desayunar o tomar un café, o cobrar por estancias prolongadas con consumiciones de bajo coste, generan estrés y descontento entre los consumidores, quienes recuerdan la importancia de los libros de reclamaciones y, ahora, también de las normativas internas de los locales.




