Una paciente de Málaga, que prefiere mantener su nombre completo en reserva pero se identifica como Mari Carmen P. H., se ha convertido en la voz de cientos de enfermos que enfrentan una situación crítica debido a las prolongadas listas de espera en la especialidad de Neurocirugía. Tras haber acelerado su diagnóstico a través de la sanidad privada, fue incluida en la lista de espera quirúrgica “preferente” en el Hospital Regional el pasado marzo, pero aún desconoce cuándo será intervenida.
La paciente expresa su deseo de que se conozca la realidad de la situación, no para obtener un beneficio personal, sino para visibilizar el calvario y la incertidumbre que padecen los enfermos. "Es indignante que una operación en Neurocirugía, aun siendo preferente, tarde cuatro o cinco meses", lamenta, calificando la situación de "locura" frente al discurso oficial de que "todo está bien".
Mari Carmen P. H. destaca la excepcionalidad del trato recibido por los profesionales sanitarios, pero considera “inviable” la celeridad en las respuestas debido al "tapón" existente en el sistema. Ella misma tuvo que recurrir a consultas privadas para obtener un diagnóstico rápido de su dolencia, una estenosis del canal de la médula y mielopatía por inestabilidad cervical, que podría derivar en problemas graves de movilidad e incluso tetraplejia.
La paciente reflexiona sobre la desigualdad que supone poder acceder a pruebas privadas para agilizar diagnósticos, una opción no al alcance de todos los pacientes. "Yo he tenido esa posibilidad económica. ¿Pero qué pasa con los que no pueden?", se pregunta, señalando que, si bien puede permitirse algunas consultas privadas, la operación en sí misma está fuera de su alcance económico.
Tras obtener los informes privados, y con la resonancia magnética realizada en la sanidad pública, su médico de cabecera tramitó una interconsulta a Neurocirugía y Traumatología. Aunque finalmente entró en la lista de espera, estima que para su patología, siendo "preferente", la espera en Neurocirugía ronda los cuatro o cinco meses, y en Traumatología de espalda, alrededor de un año, calificando ambas cifras de "indignantes y bochornosas".
Trabajadora social de profesión y de baja desde agosto pasado, Mari Carmen P. H. teme que la demora en la intervención agrave las secuelas, ya que la operación busca evitar el avance de la patología, no recuperar lo perdido. Ha presentado dos reclamaciones y ha decidido acudir a la prensa para alzar la voz por los cientos de pacientes que, como ella, esperan desesperadamente.




