Durante su participación en el programa Tu cara me suena, el diestro aprovechó la ocasión para explicar que el nombre de su propiedad no se debe a una muestra de ego, sino a un tributo a sus raíces taurinas. La finca fue bautizada en honor al primer toro que lidió como torero tras su alternativa, un gesto que subraya la importancia de sus inicios profesionales.
“"Si el toro se hubiera llamado Paquito, ¿le hubieras puesto el nombre?"
“"Pues sí."
Este recuerdo transporta a la década de los 90, una época en la que el torero no solo llenaba las plazas, sino que también marcaba la cultura popular. Su objetivo principal era ayudar a su familia a superar una deuda contraída por su padre, un promotor de espectáculos que se arruinó. El deseo de triunfar del joven novillero se materializó en Ambiciones, que se convirtió en el símbolo de su éxito y de la noble aspiración de quien lucha desde abajo.
La historia de la finca también está ligada a la presencia de Currupipi, un tigre que se convirtió en un icono de la España de la época, mezclando tradición y espectáculo televisivo. Aunque hoy en día la tenencia de un animal así generaría debates éticos y legales, en aquel momento formó parte del folclore de la propiedad, añadiendo un toque distintivo al carisma del diestro.
Con su reciente aparición televisiva, el torero demuestra que sigue siendo una figura relevante en el entretenimiento, capaz de evocar la nostalgia de sus años de gloria. Al rememorar el origen del nombre de su finca, el diestro no solo honra al animal que marcó el inicio de su carrera, sino que también reafirma el legado de una época en la que Ambiciones fue el escenario principal de una España que, como él, soñaba a lo grande sin perder la esencia de sus orígenes.




