Las altas temperaturas en Sevilla, que superan los 40 grados, plantean un desafío crítico para la habitabilidad de las viviendas. Un reciente informe liderado por Javier de Sola Caraballo, investigador de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, señala una paradoja preocupante: las medidas de aislamiento energético, a menudo guiadas por normativas europeas diseñadas para climas fríos, pueden estar empeorando la situación en el sur de España.
La investigación, publicada en ScienceDirect, analiza la eficacia de las rehabilitaciones energéticas en viviendas sociales del siglo XX. Las conclusiones indican que la aplicación estricta de medidas de alto aislamiento sin sistemas de ventilación adecuados convierte estos hogares en "hornos". Esto no solo incrementa la sensación de calor insoportable, sino que también puede derivar en pobreza energética y graves riesgos para la salud, especialmente para poblaciones vulnerables.
El estudio destaca que el impulso actual por rehabilitar edificios anteriores a 1971, que carecían de normativa térmica en su origen, choca con la realidad climática del sur. Javier de Sola advierte: "Cuidado con las rehabilitaciones energéticas y cómo se hacen; si nosotros aplicamos a rajatabla las medidas actuales de eficiencia y las analizamos a futuro, vamos a peor". El sobreaislamiento, sin una ventilación controlada, atrapa el calor interior.
El problema del calor en las viviendas está intrínsecamente ligado al diseño del espacio urbano. Informes previos ya habían cartografiado las zonas más calurosas de Sevilla, coincidiendo en gran medida con barrios de rentas bajas como el distrito Este, Alcosa y Torre Blanca. Estas áreas, desarrolladas tras la Guerra Civil, combinan radiación solar directa con grandes vacíos urbanos y pavimentos que retienen el calor.
El investigador lamenta la falta de un urbanismo adaptado a las temperaturas locales, señalando que las administraciones a menudo replican modelos ineficaces sin considerar el impacto microclimático. La eliminación de arbolado o el uso de materiales inadecuados en el espacio público pueden agravar la situación.
El estudio propone estrategias concretas para mitigar el calor en el interior de los edificios, como la implementación de ventilación natural racionalizada, el uso de ventiladores, materiales de cambio de fase, pintura reflectante en cubiertas y pequeñas estaciones meteorológicas domésticas. En el espacio urbano, se sugiere la instalación de toldos y la sustitución de asfalto por materiales más porosos.
En definitiva, el informe subraya que las proyecciones de cambio climático, sumadas al envejecimiento poblacional, aumentan la mortalidad vinculada al clima. La dependencia forzada del aire acondicionado en viviendas mal aisladas agrava la brecha térmica y la pobreza energética. El estudio exige una evolución urgente de las directivas europeas, priorizando la resiliencia climática local sobre estándares generalistas.




