La visita del Papa Francisco a España ha dejado momentos memorables, y uno de ellos fue la presencia de la campeona olímpica de bádminton, Carolina Marín, en el encuentro celebrado en el Movistar Arena de Madrid. Marín, quien compartió escenario con la nadadora Teresa Perales, aprovechó la ocasión para hacerle un regalo especial al Pontífice.
Consciente de la afición del Santo Pontífice por el deporte, especialmente el tenis, la deportista onubense le hizo entrega de una raqueta de bádminton. Marín utilizó este nexo común para enfatizar que el deporte, "cuando se vive con integridad, es una verdadera escuela de vida". Lamentó la tendencia actual hacia "un mundo obsesionado con el rendimiento y el éxito a toda costa", donde a veces "solo importa ganar dinero o batir récords".
“"Frente a esa presión, los deportistas queremos defender hoy la alegría limpia de jugar por el placer de jugar; esa ilusión que teníamos de niños y que nos recuerda que lo más importante en cualquier pista debe ser siempre la persona."
La campeona olímpica añadió que, tras años de competición de élite, ha comprendido que "competir no significa destruir al rival". Compartió con el Papa la visión de que la competitividad debe limitarse al ámbito deportivo, considerando al adversario como un "compañero de viaje indispensable" que impulsa a dar lo mejor de uno mismo. "Competir es crecer con el otro, nunca contra el otro. Por eso, el deporte también nos exige la humildad en el éxito", sentenció.




