Los datos más recientes del Ministerio de Interior, correspondientes a 2024, sitúan a Andalucía como la segunda comunidad autónoma con más denuncias por grooming, el engaño de un adulto a un menor utilizando una identidad ficticia en internet. Ese año se registraron 85 víctimas en la región, aunque solo 21 personas fueron detenidas o investigadas.
Un estudio de la Guardia Civil y la Fundación Safe Online (SOL), que analizó a 1.500 niños y jóvenes de las comunidades más afectadas (Cataluña, Andalucía, Madrid y la Comunidad Valenciana), revela cifras preocupantes. El 39% de los estudiantes de Secundaria ha contactado por internet con personas desconocidas, lo que significa que casi cuatro de cada diez adolescentes hablan con extraños online. Esta práctica se inicia a edades cada vez más tempranas, con la mitad de los menores poseyendo redes sociales antes de ingresar en el instituto. Además, el 14% de los estudiantes de Primaria también ha interactuado con desconocidos por esta vía.
Las niñas representan seis de cada diez víctimas, con una edad media de 13 años en el momento del delito. Según la organización Save the children, en todas las sentencias de 2024, el acusado era un hombre que, a menudo, se hacía pasar por otra persona ante el menor. En un 25% de los casos, el agresor era un familiar, mientras que en un 33,3% de las ocasiones era alguien ajeno al círculo de la víctima.
Principalmente a través de redes sociales y videojuegos, el adulto gana la confianza del joven haciéndose pasar por alguien de menor edad. Posteriormente, solicita información o imágenes de índole privada y sexual. Algunas de estas conversaciones llegan a culminar en un encuentro físico.
El estudio de SOL y la Guardia Civil indica que un 10% de alumnos de la ESO ha recibido fotos íntimas sin solicitarlas. Un 8% ha sido requerido para enviar fotografías o vídeos de partes del cuerpo, y al 7% se le ha pedido hablar sobre prácticas sexuales. De hecho, el 23% de los alumnos de Secundaria señala que el interés sexual está presente desde el inicio de la interacción.
Cuando un menor detecta prácticas de abuso en internet, rara vez lo comunica a su familia. Las razones son diversas: algunos no ven la necesidad, otros sienten vergüenza al admitir el contacto con desconocidos o su incapacidad para percibir el peligro. La mayoría, sin embargo, guarda silencio por temor a perder el móvil y su autonomía digital.
En lugar de informar, los jóvenes prefieren cortar la relación y compartirlo con amigos. Un 23% afirma "seguirle el juego" al interlocutor. Los niños de Primaria sí suelen recurrir a sus padres, pero dos de cada diez también optan por seguir la interacción.
El informe recoge que seguir respondiendo al abusador tiene justificaciones como la curiosidad o un componente lúdico. El 21% de los menores de Secundaria y el 15% de los de Primaria consideran normales estas interacciones. Esta normalización del riesgo no se debe tanto al desconocimiento, sino a cómo estas relaciones se integran en códigos cotidianos.
Afortunadamente, los menores identifican ciertas prácticas de abuso, como confirman otros estudios, y son conscientes de que la inteligencia artificial puede ser una amenaza para modificar fotografías o suplantar identidades. Los adolescentes ya contemplan estrategias de autoprotección, mostrando escepticismo ante perfiles sospechosos y tomando decisiones para alejarse de ellos. No obstante, esta autonomía implica que muchos casos no llegan a conocimiento de las familias ni se denuncian.
Lamentablemente, el grooming es un delito en auge, con un crecimiento anual. El acceso a internet se produce a edades más tempranas y el tiempo dedicado a él aumenta, especialmente en verano, cuando la rutina escolar se difumina. La legislación avanza lentamente; en marzo de 2025 el Gobierno tipificó el grooming como delito, y el Parlamento europeo anunció la ampliación de delitos considerados abuso sexual y el aumento de penas. Sin embargo, el principal obstáculo sigue siendo que la mayoría de estos casos no se denuncian.




