Las señales que transmite Olek Balcerowski empiezan a ser seriamente preocupantes. Dentro del propio Unicaja existe inquietud alrededor del momento que atraviesa el pívot polaco, cada vez más lejos del jugador diferencial que insinuó ser. El problema va más allá de las estadísticas; tiene que ver con su impacto en el juego, las sensaciones y una involución visible en aspectos elementales para un jugador de su tamaño y condiciones.
La falta de contundencia cerca del aro resulta desesperante por momentos, y la sensación de fragilidad competitiva choca con el tipo de jugador que el club imaginaba. Las imágenes negativas se acumulan: su eliminación por faltas en apenas cinco minutos en Berlín, algo similar ocurrido en Würzburg antes de la Copa, y ahora en Burgos, donde se fue del partido con cinco faltas en once minutos. Se percibe un jugador que llega tarde a las acciones, mal colocado y atrapado entre la ansiedad y el error.
Lo más difícil de entender es la poca contundencia. A pesar de medir 2.17 metros, sus acciones cerca del aro son blandas, con bandejas que deberían ser mates y una facilidad impropia para acabar en el suelo. Transmite más dudas que autoridad bajo el aro. Da la sensación de que le falta ese punto de intimidación y dureza que debería acompañar a un jugador de su planta. El partido en Granada, donde Jonathan Rousselle le arrancó rebotes, es una cruel fotografía de su momento actual.
Los números tampoco acompañan: promedia apenas 3.1 rebotes, una cifra llamativa para un interior de su tamaño. Comparado con otros jugadores como Tryggvi Hlinason (2.15 metros), que captura 6.5 rebotes, la diferencia es notable. Además, reaparece el miedo al error y la mirada automática al banquillo tras una mala acción, un gesto que retrata su estado mental y una involución integral.
Ha habido mucha paciencia con Balcerowski, entendiendo su contexto de inactividad previa y el proceso de maduración de los pívots. Hubo brotes verdes, tramos excelentes y actuaciones de nivel en los playoffs. Sin embargo, reducir todo al concepto de "proceso" empieza a ser insuficiente. A sus casi 26 años y con más de un lustro en la élite, ya no está en fase de descubrimiento. El Unicaja necesita regularidad, intimidación y rebote de un jugador llamado a elevar al equipo.
La renovación del pívot hasta 2028, con un esfuerzo salarial, buscaba tener una posición de fuerza en el mercado ante su potencial regreso a la Euroliga. Sin embargo, su rendimiento actual dista mucho de las expectativas.




