La investigadora, una letrada jubilada de la administración de Justicia, ha presentado en Málaga su obra Caso García Caparrós, la cara oculta de un crimen de Estado. En ella, se basa en el testimonio de un informante que, según la autora, le proporcionó datos sobre el presunto autor del disparo.
Según la investigadora, el disparo fue efectuado por un joven de 22 años que posteriormente se alistó en la Legión. Este individuo, que llegó a cabo y falleció con más de 60 años, habría afirmado que disparó para proteger a la Policía, que estaba siendo apedreada y se había quedado sin medios antidisturbios.
“"Una vez que disparó, la Policía no lo protegió ni tampoco los círculos de José Antonio donde él militaba, se encontró solo."
La autora también señala irregularidades en la cadena de custodia del proyectil, indicando que la bala que mató a García Caparrós desapareció o fue manipulada. Afirma que el calibre de la bala se conocía antes del informe balístico judicial y que la bala entregada al juez era de 9 milímetros corto, mientras que la que impactó en el cuerpo era de un calibre menor.
Asimismo, la investigadora sugiere que la Policía de la época utilizaba confidentes, a quienes se les proporcionaban armas para protegerse, no para matar. Duda si una prueba de balística posterior se realizó para encubrir al verdadero autor, ya que destaparlo implicaría revelar el engranaje policial que suministraba las armas.
Casi 48 años después del suceso, las hermanas de Manuel José García Caparrós han accedido a la documentación completa de la Comisión de Encuesta que investigó los hechos de la manifestación andalucista del 4 de diciembre de 1977. Aunque la información sobre el autor sigue clasificada como secreta, las hermanas continúan su lucha por el reconocimiento de Caparrós como víctima del terrorismo de Estado y por la desclasificación de los documentos.




