Bajo el lema «Ni alquileres por las nubes, ni salarios por los suelos», la capital de la Costa del Sol fue escenario de una movilización ciudadana que recorrió las principales calles del centro. La marcha, la cuarta de gran envergadura convocada desde junio de 2024 por la plataforma Málaga para Vivir, partió de la plaza de la Merced y concluyó en la plaza de la Constitución. Mientras la Subdelegación del Gobierno cifró la asistencia en 4.500 personas, la organización elevó la cifra hasta las 25.000.
Los portavoces de Málaga para Vivir, Lula Mir y Alberto Martín, expresaron el sentir general al afirmar: «Hemos llegado a un límite». Denunciaron la paradoja de una ciudad con «los peores salarios» y, a la vez, «los precios de la vivienda» más altos del mercado, una situación que, según ellos, está «destruyendo el territorio» y favoreciendo el rentismo a costa del vecindario.
La protesta también dirigió duras críticas hacia las administraciones públicas, independientemente de su signo político. La plataforma señaló que la situación de la vivienda ha empeorado desde la primera manifestación el 29 de junio de 2024. Acusaron a los responsables políticos de «mirar hacia otro lado» y de no implementar las medidas necesarias para regular el mercado y proteger a los ciudadanos vulnerables frente a los desahucios.
Ante la insuficiencia de las medidas adoptadas, como la moratoria anunciada por el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, sobre nuevas licencias de viviendas turísticas (cuyo número ha crecido un 18% en dos años), el movimiento vecinal ha anunciado una escalada en sus reivindicaciones. Se está organizando una «huelga general por la vivienda» para «interrumpir este proceso de mercantilización» y recuperar la huelga como herramienta de lucha, trabajando junto a otros colectivos sociales.




