La iniciativa, un proyecto piloto impulsado por el Colegio de Médicos de Málaga en colaboración con el Ayuntamiento y la Fundación Unicaja, distribuirá 3.000 de estos dispositivos de forma gratuita en los Puntos Violeta del Real del Cortijo de Torres.
El presidente del Colegio de Médicos, Pedro J. Navarro, explicó que la pulsera es una "herramienta preventiva" que detecta rápidamente sustancias comunes en casos de sumisión química, aunque aclaró que no sustituye a las pruebas toxicológicas, policiales o sanitarias.
La doctora Isabel García Ríos, vicepresidenta tercera del Colegio de Médicos, detalló el funcionamiento: la pulsera tiene dos sensores reactivos. Uno detecta GHB (éxtasis líquido) y el otro reacciona ante ketamina, escopolamina (burundanga), MDMA y otras sustancias aminadas.
Para usarla, se deposita una gota de la bebida sobre cada sensor y se esperan unos tres segundos. Si los sensores mantienen su color, no hay detección; si cambian, puede indicar la presencia de alguna de estas drogas.
“"Si uno de los sensores cambia de color, la indicación es clara: llamar inmediatamente al 112, conservar la bebida si es posible y no retirarse la pulsera."
La pulsera incluye un código QR que enlaza a un protocolo de actuación detallado, facilitando una respuesta rápida y coordinada. Este protocolo también ofrece pautas sobre cómo actuar si la persona presenta síntomas, recomendando preservar su intimidad y no darle comida ni bebida.
Se aconseja escuchar a la persona afectada con respeto, sin juicios, y manipular lo menos posible el vaso o recipiente como posible prueba hasta la llegada de los servicios de emergencia.
Los sensores no deben mojarse ni entrar en contacto con jabón. Un resultado negativo no descarta por completo la sumisión química; si existen dudas o síntomas compatibles, se debe solicitar ayuda inmediata.




