La respuesta sexual humana es una constante desde el nacimiento hasta la muerte, aunque su manifestación cambia con el tiempo. Según la psicóloga clínica y sexóloga Carme Sánchez, los cambios asociados al envejecimiento en la respuesta sexual, si bien pueden presentar dificultades, abren la puerta a una mayor intimidad y vínculo emocional si las parejas se alejan del enfoque exclusivo en el coito.
Un estudio del Instituto de las Mujeres revela que la mayoría de las participantes mayores de 65 años disfrutan más de su sexualidad. Sánchez atribuye este fenómeno a la liberación de mandatos sociales y religiosos que consideraban el sexo como un mero deber reproductivo o marital. La ganancia en autonomía personal y emocional permite a muchas mujeres vivir su sexualidad de forma más consciente y placentera. Como ejemplo, relata el caso de una viuda que experimentó su primer orgasmo a los 75 años, destacando la importancia del conocimiento del propio cuerpo y la calidad de la relación de pareja.
Esta tendencia, según la experta, podría considerarse una revolución sexual femenina. La educación patriarcal y religiosa ha ido perdiendo peso, y la desaparición del riesgo de embarazo tras la menopausia, junto a la normalización de la conversación sobre sexualidad, contribuyen a este cambio. La popularidad de productos como el consolador Satisfyer también ha sido un indicador de esta apertura.
En contraste, los hombres séniors a menudo experimentan estos cambios con mayor dificultad, ya que su sexualidad está fuertemente ligada a la erección y el rendimiento. Sánchez señala que, mientras el 99% de las mujeres no añoran épocas pasadas de represión, muchos hombres permanecen anclados en visiones más conservadoras.
Las barreras persistentes incluyen el edadismo, el mito de la asexualidad en la vejez, y las reticencias de los entornos familiares, que pueden ver con malos ojos la actividad sexual de sus padres mayores. La falta de intimidad en residencias y los prejuicios de profesionales sanitarios, que a veces prescriben medicaciones con efectos secundarios sexuales sin informar adecuadamente, son otros obstáculos. Sánchez aboga por que los médicos pregunten activamente sobre la salud sexual en las consultas, especialmente en ginecología y urología.
Para superar problemas como la falta de erección o la sequedad vaginal, existen diversas terapias, incluyendo lubricantes, tratamientos hormonales, fármacos y prótesis. La ampliación del repertorio sexual, más allá del coito, es también fundamental. La presión estética, que promueve cánones de juventud, puede afectar la autoestima y generar vergüenza, pero la experta insiste en que todos los cuerpos son deseables a cualquier edad.
Sánchez propone una educación sexual integral que abarque todo el ciclo vital, incluyendo talleres en centros de día y universidades para mayores. Asimismo, aboga por campañas de visión positiva sobre la sexualidad sénior y formación específica para profesionales sociosanitarios, además de garantizar la intimidad en las residencias.




