La localidad malagueña de Algarrobo ha vuelto a escenificar los dramáticos acontecimientos de septiembre de 1811, cuando la valentía de sus habitantes impidió que el municipio fuera arrasado por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia. Esta singular fiesta de recreación histórica, que moviliza a la práctica totalidad de la población local, atrajo a numerosos visitantes de Andalucía y del extranjero.
El origen de la celebración se remonta al 21 de septiembre de 1811, cuando el guerrillero local José Segovia tendió una emboscada a una columna francesa. La represalia ordenada por el jefe de batallón francés fue frenada por la intercesión de las autoridades y los propios habitantes, evitando así la destrucción del pueblo.
“"Representamos la emboscada histórica en el río y posteriormente trasladamos la acción para narrar cómo se evitó que el pueblo fuera arrasado."
La recreación abarca otros pasajes de la memoria del municipio, como la captura del bandido local Rafael Segovia en 1821, que dio lugar a la leyenda del 'hombre del saco', o las gestas del bandolero Manuel Mergares en 1895, quien respetó fondos recaudados tras un terremoto.
La implicación ciudadana es un motor clave de la fiesta. Los vecinos lucen trajes de época elaborados artesanalmente y decoran las fachadas, convirtiendo el centro histórico en un punto de encuentro. Para muchos residentes, como Zoraida García, es la cita más importante del año, una jornada de convivencia intensa.
Federico Camacho y María del Mar Marfil, otros residentes, destacan el carácter diferencial de la celebración frente a las ferias tradicionales, remarcando la oportunidad de charlar y convivir con paisanos y visitantes, con la participación de negocios, bares y asociaciones.
La dimensión de la recreación ha atraído a agrupaciones de toda Andalucía, como la Asociación Bandoleros de Benamejí de Córdoba, que participa activamente en las escaramuzas fluviales. Su presidente, José Melero, resalta el despliegue de tiroteos y el atractivo visual del combate para el público.
Con una gran afluencia y alta ocupación hostelera, Algarrobo demuestra cómo el episodio que casi lo destruye en 1811 se ha convertido hoy en el mayor símbolo de unión para su pueblo.




