En las últimas décadas, el balón se ha convertido en el principal motivo de orgullo para la provincia de Jaén. Ante la escasez de proyectos políticos y de infraestructuras que impulsen la prosperidad, los jiennenses han hallado en dos de sus paisanos una fuente inagotable de satisfacción.
La alegría de Jaén, entendida como el motivo de celebración para sus habitantes, lleva dos apellidos: Rodríguez Herrero. El primero de ellos pertenece a un hombre que no solo defendió los colores de su tierra en el fútbol sala, sino que tomó las riendas de un equipo en Segunda División, llevándolo a la élite mundial en tres años y convirtiendo lo que se consideró un milagro en una costumbre.
Este deportista, Daniel, ha logrado a lo largo de una década sumar tres Copas de España más, uniendo el ímpetu de la provincia que reclamaba instalaciones dignas para su equipo. Su éxito catapultó al Jaén Paraíso Interior FS a un nivel tan alto que las instituciones se vieron obligadas a dotar a la tierra del pabellón que merecía. Recientemente, en Cáceres, ha puesto la guinda a una carrera espectacular con logros que trascienden lo deportivo.
El segundo apellido, Herrero, ligado al entrenador del Real Jaén, Manuel Herrero, también es fundamental. A pesar de las dificultades económicas históricas del club, que lo llevaron a la quinta división, Manuel Herrero regresó para devolverle la seriedad y el espíritu de la tierra. Tras lograr el ascenso a Segunda División en 2013, su labor actual lo sitúa a solo 90 minutos, con una ventaja de un gol, de ascender al Real Jaén a la antigua Segunda B, brindando una nueva alegría a una afición fiel que cree firmemente en su capacidad.




