La capital jienense se vio azotada por una intensa tormenta en la tarde del martes, registrando más de 40 litros por metro cuadrado en pocos minutos en algunas zonas. El fenómeno meteorológico provocó inundaciones generalizadas en numerosos comercios, anegó calles y obligó a vecinos y empresarios a unirse para minimizar los cuantiosos daños.
Los establecimientos del centro de la ciudad fueron los más afectados, con sótanos inundados y, en algunos casos, el agua alcanzando hasta 30 centímetros de altura. La cafetería de La Marquetería en la calle San Clemente sufrió una inundación repentina. "Empecé a ver bajar el agua como un río, literal", relató uno de sus trabajadores, quien añadió que en cuestión de minutos el agua llegó a los 50 centímetros.
Los clientes tuvieron que refugiarse en la planta superior mientras trabajadores, familiares y amigos intentaban achicar el agua manualmente ante la falta de luz que impidió el funcionamiento de las bombas de achique. "Aquí había unas quince personas ayudando. Incluso los propios clientes nos preguntaban si podían echar una mano", agradeció el empleado. A pesar de los daños en mobiliario y carpintería, reconocieron tener suerte de no tener maquinaria averiada.
En Sprinter, el agua entró con rapidez por distintas zonas del establecimiento, afectando especialmente al almacén. Los trabajadores lograron proteger la mercancía a tiempo para evitar pérdidas mayores. "Si no, habría sido una pérdida enorme", afirmó uno de los empleados, quien consideró que el balance pudo ser peor tras más de una hora retirando agua.
La Papelería Espi sufrió las peores consecuencias económicas. Según relataron sus responsables, el agua entró "en cuestión de segundos", alcanzando entre diez y doce centímetros en el interior, mientras que en el exterior las motos estacionadas quedaron prácticamente cubiertas. "Llevamos aquí nueve o diez años y nunca, nunca nos había pasado esto", lamentaron, añadiendo que hay muchos productos para tirar, incluyendo mercancía de la campaña escolar y tres fotocopiadoras afectadas.
La peluquería Ilusiónate también se vio afectada. "Cuando abrí la puerta salía el agua a caudal", contó una de las propietarias. El agua alcanzó una altura considerable, afectando a enchufes, equipos eléctricos y mobiliario. A pesar del golpe emocional y los daños materiales, destacaron las muestras de apoyo de la clientela, que prometió volver.
El centro deportivo Livvae sufrió una inundación cuando los bajantes del edificio no dieron abasto. "En lugar de evacuar el agua, se estaban llenando y entre el 60 y el 70 por ciento del centro quedó anegado", explicó su gerente. Las losetas de caucho flotaban y clientes y trabajadores se unieron para retirar el agua con escobas, demostrando un fuerte espíritu de comunidad.




