Hasta ahora, se pensaba que la metalurgia del plomo en la península ibérica se inició alrededor del año 1000 a.C. con la llegada de los fenicios. Sin embargo, una nueva investigación ha retrasado significativamente este hito.
La prueba más antigua de producción de plomo en la península proviene del yacimiento de la Edad del Bronce de Minferri, en Juneda (Lleida). Los análisis químicos, microestructurales y la datación por carbono 14 de escorias y vasijas de reducción encontradas en el yacimiento sitúan la manufactura de plomo entre el 1900-1700 a.C.
Estos hallazgos se relacionan con una cuenta de collar de plomo descubierta previamente en Tarragona, datada sobre el 2800 a.C. Los análisis isotópicos ya sugerían el uso de minerales locales, pero la falta de residuos de producción en Cataluña impedía una confirmación total.
Los resultados de Minferri certifican la producción local de plomo y sitúan sus orígenes en la península a comienzos del tercer milenio a.C. Pequeños objetos de plomo, como cuentas de collar, se habrían fabricado en el nordeste peninsular hasta aproximadamente el 1700 a.C., un fenómeno hasta ahora desconocido.
La investigadora Julia Montes Landa, de la Universidad de Granada, explica que este estudio demuestra que la producción de plomo fue desarrollada por comunidades indígenas, no como subproducto de la extracción de plata, como se creía con los fenicios.
Las comunidades del nordeste utilizaban minerales polimetálicos ricos en cobre y plomo, un proceso tecnológico distinto al fenicio. Este conocimiento técnico se perdió en el nordeste ibérico alrededor del 1700 a.C.
Se sugiere que el conocimiento técnico pudo transmitirse desde el sur de Francia, donde la metalurgia del plomo floreció. Sin embargo, en el nordeste ibérico, este conocimiento se perdió, posiblemente debido a diferencias en el valor otorgado al metal, a pesar de los lazos culturales existentes.




