La ciudad de Granada y sus alrededores fueron sacudidos por un temblor de tierra significativo poco después de la 1 de la madrugada del sábado. El movimiento telúrico, inicialmente registrado con una magnitud de 5 y posteriormente ajustado a 4.8 por el Instituto Geográfico Nacional (IGN), tuvo su epicentro en Alhendín, al suroeste de la provincia. El suceso provocó que numerosos vecinos salieran a la calle presas del pánico, mientras se reportaban daños en edificaciones y vehículos.
La sacudida se sintió con fuerza en gran parte de Andalucía e incluso llegó a percibirse en Madrid. Los servicios de emergencia recibieron más de 200 llamadas alertando sobre el temblor. Afortunadamente, no se han notificado heridos, aunque la caída de escombros causó desperfectos en coches y edificios, y fue necesario rescatar a varias personas que quedaron atrapadas en ascensores.
“"La cuenca de Granada es una de las zonas con mayor actividad sísmica de la Península Ibérica, con frecuentes terremotos superficiales de magnitud baja a moderada."
Tras el temblor principal, se produjeron varias réplicas que mantuvieron en vilo a la población, llevando a algunos residentes a pasar la noche a la intemperie por temor a nuevos movimientos. Sin embargo, la actividad sísmica no es una novedad para Granada, una zona geológicamente activa.
La explicación a esta recurrencia sísmica se encuentra en la compleja y activa frontera entre las placas tectónicas Africana y Euroasiática, que convergen a unos 5 mm anuales. Esta convergencia genera tensiones que se liberan a través de una red de fallas bajo la región, especialmente pronunciada en la cordillera Bética. En el área de Granada, fallas activas atraviesan las cuencas intramontañosas, originando los temblores superficiales que se perciben con frecuencia.
Aunque los eventos destructivos de gran magnitud son raros, la historia de la región registra terremotos considerables, como uno de magnitud 7.8 en 1954 y otro de 6.3 en 2010. No obstante, estos últimos tuvieron epicentros a profundidades extremas (más de 600 km), lo que mitigó su impacto destructivo y podría ser un consuelo para los vecinos más inquietos.




