Esta iniciativa, que combina fe y artesanía, ha movilizado a numerosos voluntarios, miembros de hermandades, la Asociación de Belenistas TAU y las Juventudes Cofrades. El trabajo conjunto permite transformar el pavimento en una obra de arte efímera que sirve de escenario para la procesión religiosa.
Los diseños decoran puntos emblemáticos como la plaza Juan Carlos I y la calle Fray Baldomero González. La participación ciudadana es clave en este proceso, ya que no se requiere experiencia previa para colaborar en la confección de los tapices.
La tradición, que fue recuperada en el año 2019, se ha consolidado como un evento destacado en el calendario local, fomentando la cooperación vecinal y poniendo en valor el patrimonio cultural y artístico de Chipiona.




