La gestión del Gobierno se caracteriza por una notable inestabilidad en sus carteras ministeriales. En un periodo de ocho años, la administración ha visto pasar a cerca de 60 ministros, una cifra que supera significativamente la de gobiernos precedentes, como los de Aznar o Rajoy, quienes en periodos similares o ligeramente inferiores, tuvieron un número considerablemente menor de responsables ministeriales.
Esta alta rotación implica que, salvo contadas excepciones, los ministros no permanecen mucho tiempo en sus puestos. Esta situación genera una dinámica en la que los recién nombrados, en agradecimiento por su designación, adoptan y difunden con vehemencia los mensajes y argumentarios oficiales que se les proporcionan, convirtiéndose en portavoces de la línea gubernamental.
“"La tendencia del gabinete es repetir al unísono el mensaje que se les da para el día, y a todos por igual."
En los últimos meses, especialmente a raíz de ciertas controversias, se ha observado una insistencia en el término «contundencia» por parte de los miembros del gabinete. Esta repetición parece buscar diluir o desvincular cualquier posible conexión con situaciones delicadas, reforzando una imagen de firmeza.
La comunicación gubernamental se ha centrado en promesas y frases recurrentes, a menudo conjugadas en gerundio, lo que se interpreta como una forma de evitar la rendición de cuentas directa. La meta a largo plazo del líder del ejecutivo, según se ha manifestado, se proyecta hasta el año 2035, con la intención de prolongar su mandato más allá de 2027.




