Las operaciones inmobiliarias en la provincia de Cádiz registraron un total de 1.339 transacciones de vivienda nueva y usada durante el pasado mes de mayo, según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE). Esta cifra representa una disminución respecto a mayo del año anterior (1.396 operaciones) y es la quinta más baja de los últimos dos años, situándose por debajo de la media de 1.498 operaciones desde mayo de 2024.
El descenso se atribuye principalmente a la vivienda nueva, que acumuló solo 363 operaciones en toda la provincia en mayo. Por su parte, la vivienda usada se mantuvo en un rango medio con 976 transacciones. Estos datos reflejan un escenario de moderación en el mercado gaditano, tras varios años de tendencia alcista.
A nivel regional, la Comunidad Autónoma de Andalucía gestionó 34.517 operaciones en mayo, superando la media de los últimos dos años (33.106). Las provincias de Málaga y Sevilla mantuvieron un dinamismo inmobiliario notable. Málaga registró 7.852 firmas, muy cerca de su media de 7.822, mientras que Sevilla sumó 6.619, superando su promedio de 5.778.
A nivel nacional, las compraventas de viviendas inscritas disminuyeron un 7,3% en mayo en comparación con el mismo mes de 2025, según el INE.
Las estadísticas confirman la tendencia apuntada por las agencias inmobiliarias sobre una ralentización del mercado, con un aumento en el tiempo que tardan los inmuebles en venderse. El Barómetro Inmobiliario de la Asociación de Gestores Inmobiliarios de la provincia de Cádiz (GICA – MLS Cádiz) señala que, aunque la actividad ha sido notable, los precios se mantienen bajo presión, la demanda es alta y las transacciones no siempre se ajustan a la capacidad adquisitiva.
Un dato clave del primer semestre en la provincia es el cambio en el tramo de precios más habitual. La mayoría de las operaciones se concentran ahora entre los 200.000 y 300.000 euros, un desplazamiento significativo respecto al semestre anterior, cuando el segmento predominante era de 100.000 a 200.000 euros. Esto refleja el encarecimiento acumulado y la escasez de producto asequible.
Además, la mayoría de las agencias inmobiliarias han detectado subidas moderadas o ningún incremento en los precios, lo que dibuja un mercado tensionado donde la demanda es más selectiva y encuentra límites claros ante ciertos precios de salida.




