La investigación, publicada en Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems, destaca el papel de estos pequeños crustáceos, clave en el funcionamiento de los ecosistemas de playas arenosas, en el reciclaje de materia orgánica y como alimento para aves costeras.
Los resultados confirman que las acumulaciones de R. okamurae, a pesar de ser una especie invasora con impactos negativos, pueden actuar como hábitat y fuente de alimento para las poblaciones de T. saltator. Experimentos en laboratorio demostraron que los crustáceos pueden consumir esta macroalga, aunque su consumo difiere del registrado con otras algas.
Los autores advierten que estos hallazgos no implican que el alga sea beneficiosa, ya que su expansión sigue causando importantes impactos ecológicos y socioeconómicos. Sin embargo, el estudio subraya cómo la llegada de especies invasoras puede generar nuevas interacciones ecológicas.
Comprender estas relaciones es crucial para evaluar las consecuencias de la acumulación y retirada de biomasa de estas algas en las playas y para diseñar estrategias de gestión costera efectivas. El artículo fue realizado por investigadores de la Universidade Federal de Sergipe, la Universidad Pablo de Olavide y el INMAR.




