A pesar de que las obras en el sistema de canalizaciones han concluido y el flujo de agua se ha restablecido, la sequedad acumulada en el terreno está absorbiendo el caudal. Se estima que el humedal tardará entre uno y dos meses en alcanzar sus niveles óptimos para el periodo de cría de las aves.
Actualmente, la lámina de agua presenta un déficit de unos 40 centímetros de altura. Esta situación crítica se observa en especies como el charrán común o las pagazas, que se posan en bancos de arena en zonas que deberían estar sumergidas. Este desajuste hídrico ha provocado un desplome drástico en la población de aves; en marzo se contabilizaban unos 800 flamencos, mientras que los censos actuales apenas registran 132 ejemplares.
“"Las zonas de los concentradores, donde suelen criar los correlimos, permanecen totalmente secas, y en los calentadores la situación no es mejor para las cigüeñuelas."
Para comprender la situación, es fundamental entender que las Salinas de Cabo de Gata funcionan como una escalera de agua, dividida en cuatro sectores interdependientes. El problema actual es que el agua aún no ha subido todos los “peldaños”. Los evaporadores, la zona más baja, presentan un estado aceptable y son la puerta de entrada de nutrientes marinos, concentrando a los flamencos restantes.
Sin embargo, el problema crítico se traslada a los calentadores, dos charcones gigantescos que apenas cuentan con 8 centímetros de agua, cuando su nivel óptimo debería oscilar entre los 50 y 60 centímetros. Esta falta de profundidad impide que las aves se alimenten, ya que sus picos chocan con el fondo de arena. Por encima, los concentradores, situados medio metro más arriba, permanecen completamente secos, afectando a especies de menor tamaño como los charranes.
El escenario plantea un dilema adicional: una entrada tardía de agua podría ser tan perjudicial como su ausencia. Si el nivel sube repentinamente ahora, cuando algunas aves limícolas intentan aprovechar los pocos espacios disponibles para poner sus huevos, estos corren el riesgo de morir por inundación. Con los evaporadores llenándose lentamente y los cristalizadores yermos, las Salinas se enfrentan a una temporada difícil para la biodiversidad, donde la infraestructura ha llegado a tiempo para salvar el ecosistema a largo plazo, pero quizás demasiado tarde para proteger el ciclo reproductivo de esta primavera. Se calcula que el agua estará completa en junio.




