César López Acacio, nacido en Almería en 1978, ha sabido compaginar su profesión de taxista con sus dos grandes pasiones: el toreo y la pintura. Residente en el barrio de La Esperanza, cercano a la Plaza de Toros, su afición taurina tiene raíces profundas. Tras heredar la licencia de taxi de su padre, ha encontrado en el arte pictórico una nueva forma de expresión, cambiando los trastos de matar por los pinceles.
Su trayectoria en el mundo del toro comenzó a los 16 años, formándose en la Escuela Taurina de Almería bajo la tutela de maestros como Pepe Plaza. Tras torear numerosas novilladas, tomó la alternativa en Vera en 2002, compartiendo cartel con figuras como Manuel Caballero y Morante de la Puebla. Durante años recorrió plazas en España, Perú, Colombia, México, Portugal y Francia antes de decidir retirarse y dedicarse al taxi, una profesión que le ha aportado estabilidad.
A pesar de su retirada del ruedo, López se mantuvo vinculado al mundo taurino impartiendo clases en la Escuela Taurina durante 11 años. Sin embargo, la pandemia le llevó a centrarse plenamente en su trabajo como taxista. Fue entonces cuando, buscando una actividad creativa y alejada de las pantallas, comenzó a pintar hace tres años. La sensibilidad desarrollada en el toreo ha encontrado su cauce en la pintura, permitiéndole sentirse en una "zona de confort".
“"Mi homenaje personal a un torero de leyenda que se merece estar en un cartel de una feria como la de Roquetas de Mar, donde todas las figuras del toreo quieren estar."
Su obra más reciente es el cartel para la Feria Taurina de Roquetas de Mar, un homenaje al maestro Rafael de Paula, fallecido este año y a quien López considera un referente. Aunque ha realizado encargos personales, su principal fuente de inspiración es el mundo de la tauromaquia, capturando la expresión, las miradas y la atmósfera de los toreros y las escenas taurinas. Describe la pintura como un proceso de materialización de ideas tras largas horas de trabajo.
Respecto a las críticas al toreo, López resta importancia, destacando la recuperación de la "cultura del toreo pasado" gracias a figuras como Morante de la Puebla, Juan Ortega y Pablo Aguado, así como a toreros de generaciones anteriores como El Juli y Enrique Ponce.




