La investigación explora cómo el cerebro combina información de diferentes sentidos para construir una representación del propio cuerpo, utilizando la conocida ilusión de la mano de goma. En este experimento, una mano artificial visible se sincroniza con la mano real oculta mediante estimulación táctil. Cuando ambas se tocan simultáneamente, la persona puede llegar a sentir la mano artificial como parte de su propio cuerpo.
El estudio analizó los cambios en la potencia espectral y la conectividad funcional del cerebro. El objetivo era comprobar si la integración multisensorial dejaba una huella en las redes neuronales, afectando las áreas visuales y somatosensoriales. Participaron 38 estudiantes de la Universidad de Granada.
Los resultados indican que, durante la ilusión, aumentó la conectividad entre regiones cerebrales implicadas en el procesamiento sensorial. Sorprendentemente, la estimulación puramente visual de la mano de goma activó regiones táctiles, y la estimulación táctil de la mano real activó áreas visuales. Esto sugiere que la percepción de la mano como propia implica una reorganización más amplia del procesamiento sensorial.
Estos hallazgos implican que visión y tacto dejan de funcionar como sistemas independientes cuando la mano de goma se integra como parte del cuerpo. La estimulación de un sentido puede activar el otro. El estudio concluye que sentir una mano como propia influye en cómo el cerebro procesa por separado lo que vemos y tocamos, ayudando a comprender la construcción continua de la experiencia corporal.




