La icónica Plaza del Cabildo de Sevilla se ha convertido en el punto neurálgico para los aficionados a la colección de cromos del Mundial 2026. Cientos de personas, desde niños hasta coleccionistas veteranos, se congregan cada domingo para intercambiar estas codiciadas estampas, creando un ambiente único que mezcla la nostalgia con las nuevas tecnologías.
Jóvenes como Andrés, que apenas alcanzan a sujetar sus carpetas, demuestran una sorprendente facilidad para distinguir jugadores de selecciones diversas. Acompañados por padres que actúan como secretarios improvisados y abuelos que observan las negociaciones, la plaza se llena de vida. Turistas observan la escena como una representación costumbrista, destacando la singularidad de esta tradición sevillana.
La colección del Mundial 2026 ha generado un fenómeno que supera otras colecciones futbolísticas recientes. A pesar de la omnipresencia de aplicaciones móviles para organizar la búsqueda y el cotejo de faltantes, el intercambio físico sigue siendo el corazón de la actividad en la plaza, funcionando como una 'red social analógica'.
Sin embargo, la alta demanda ha provocado una notable escasez de sobres. Comercios y quioscos de la ciudad reportan existencias agotadas y dificultades para reponerlas, convirtiendo la localización de sobres en una 'misión imposible' para muchos aficionados, a pesar del precio oficial de 1,50 euros por sobre.
La expectación se atribuye en parte a la ampliación del Mundial a 48 selecciones, pero también a un factor emocional: este podría ser el último gran Mundial para estrellas como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Sus cromos se cotizan como una moneda de cambio, capaces de desbloquear complejas negociaciones y conversaciones entre desconocidos.
La fiebre por los cromos también ha saltado al mercado digital, con un aumento significativo en las búsquedas de jugadores clave en plataformas como Wallapop. No obstante, la Plaza del Cabildo mantiene su rol como el espacio físico donde la pasión por coleccionar se materializa, recordando a la ciudad de hace tres décadas, pero con las listas de faltantes ahora cabiendo en un teléfono móvil.




