Los datos del tercer trimestre de 2025, divulgados por el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA), confirman que Sevilla se enfrenta a un escenario demográfico donde la mortalidad supera a la natalidad. Este fenómeno, aunque no es reciente, se ha acentuado, mostrando una diferencia de 222 personas en solo tres meses, lo que subraya una transformación estructural en la composición de la población.
Entre los meses de julio y septiembre, se contabilizaron 3.557 nacimientos frente a 3.779 defunciones. Esta constante disminución de la natalidad, combinada con el aumento de la esperanza de vida, está reconfigurando la pirámide poblacional, donde la base se estrecha y la cúspide se expande. A pesar de ser la provincia andaluza con el mayor volumen absoluto de nacimientos y defunciones, Sevilla no logra mantener un crecimiento natural positivo.
Un aspecto cultural relevante es el retraso de la maternidad. La franja de edad dominante para los nacimientos se sitúa entre los 30 y 34 años, con 1.169 casos. Es significativo que se registren más nacimientos en mujeres de 40 a 44 años (276) que en menores de 20 (74), una inversión de la tendencia histórica. Incluso se han documentado dos nacimientos en mujeres de 50 años o más, lo que refleja los avances médicos y los nuevos modelos familiares.
En cuanto a la mortalidad, el mayor número de defunciones se concentra entre los 85 y 89 años, con 640 fallecimientos en el trimestre, lo que evidencia una sociedad que vive más tiempo. La longevidad es una característica distintiva del perfil demográfico sevillano, con 32 personas que superaron los 100 años al momento de su fallecimiento. Sin embargo, la mortalidad infantil también es una realidad, con 13 fallecimientos de menores de un año en el mismo periodo, la cifra más alta de la región, lo que resalta las vulnerabilidades persistentes en los primeros años de vida.
Esta tendencia de saldo vegetativo negativo no es exclusiva de Sevilla, pero su peso poblacional la convierte en un indicador clave para Andalucía. Otras provincias como Cádiz o Jaén presentan déficits más pronunciados en proporción a su población. La excepción es Almería, la única provincia andaluza con un saldo positivo en el periodo analizado, mientras que Málaga comparte una tendencia negativa similar a la de Sevilla, lo que sugiere que este fenómeno es estructural en la comunidad.




