Marcat Dance celebra una década de danza contemporánea en Vilches
La compañía de Mario Bermúdez y Catherine Coury revive su obra 'Alanda' en la sexta edición del festival Vildanza, consolidándose como referente escénico.
Por Macarena Luque Romero
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Imagen de una bailarina en pleno salto sobre un escenario con iluminación dramática, evocando emoción y movimiento.
La compañía Marcat Dance, fundada por Mario Bermúdez y Catherine Coury, celebra su décimo aniversario con la sexta edición del festival Vildanza en Vilches (Jaén), donde han recuperado su obra 'Alanda'.
La compañía Marcat Dance, creada por el jiennense Mario Bermúdez y la norteamericana Catherine Coury, se ha consolidado como una propuesta destacada en las artes escénicas, reconocida con premios como El Ojo Crítico, los Max, los Talía o los Lorca. En sus inicios, la pareja exploraba su lenguaje profesional y personal, culminando en la coreografía inicialmente titulada Searching y luego Alanda, nacida de la necesidad de encontrar un vocabulario propio en un momento en que Bermúdez trabajaba intensamente en la Batsheva Dance Company.
Este fin de semana, los artistas han revivido Alanda en Vildanza, el festival que organizan en Vilches, localidad natal de Bermúdez. La cita celebra su sexta edición este 2026, trayendo la mejor danza contemporánea a la provincia de Jaén. El evento, descrito como un 'pequeño milagro', se documenta en el filme Decían que aquí no había ná, que retrata tanto el fenómeno de Marcat Dance como la revolución de los chefs locales.
El escenario del festival, el Mirador de la Esperanza, cobra un significado especial para la pareja. Bermúdez relata que Catherine Coury estaba embarazada durante la creación de Alanda y ahora lo está de nuevo, lo que convierte la recuperación de la obra en un regreso al origen. Ambos expresan sorpresa y emoción al retomar el material, Bermúdez destacando una mayor madurez y un enfoque en la expresión de sentimientos sobre la necesidad de impresionar. Coury, por su parte, ha constatado cómo el cuerpo conserva la memoria de las coreografías, permitiendo una ejecución fluida tras pocos ensayos.
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"Me ha encantado retomarlo desde el estado actual, ahora que ya no tengo tanta ansiedad por bailar, que quiero delegar más y dedicarme sobre todo a la coreografía. (...) ya no necesito impresionar a nadie, me importa más transitar por lo que siento en cada momento."
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"Hemos tenido muy pocos ensayos porque Alanda vivía en nosotros. No la habíamos hecho en muchos años, y sin embargo la teníamos ahí. Rescatarla ha sido algo bonito y profundo."
La programación de Vildanza también incluyó el solo de la bailarina sevillana Isabel Vázquez, quien a sus 60 años reivindicó su vigencia artística. Tras una década centrada en la dirección y coreografía de espectáculos como La maldición de los hombres Malboro o Archipiélago de los desastres, y la dramaturgia para otras compañías como Marcat Dance, Vázquez regresó a los escenarios con Zambra de la buena salvaje. Este montaje, nominado a los Max y Talía, le ha aportado un aplomo que considera un premio, superando la idea de que la edad limita la carrera de una bailarina.
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"Se supone que una bailarina debe retirarse con la edad. Pero un día me pregunté: ¿Eso quién lo ha dicho?"
La obra Zambra de la buena salvaje, con textos de Ruth Rubio y dirección de Alberto Velasco, le ha permitido a Vázquez dejar atrás la convicción de ser 'demasiado mayor para bailar'. Por otro lado, las creadoras Ana F. Melero y Luna Sánchez presentaron Pies de gallina, una pieza que explora la dualidad entre razón y emoción, jugando con la expresión 'piel de gallina' y 'pies de plomo'. La obra, que ya ha girado con éxito, aborda la idea de sostener y ser sostenido en la vulnerabilidad, demostrando cómo la fragilidad de un cuerpo se fortalece junto a otro.
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"El título es un juego de palabras entre tener la piel de gallina y andar con pies de plomo."