La artista cordobesa María José Ruiz, reconocida por su trayectoria, ha completado un encargo de gran relevancia: el retrato oficial del Papa León XIV, realizado con motivo de su próximo viaje apostólico a España. La Conferencia Episcopal Española depositó su confianza en la técnica de Ruiz para inmortalizar al Pontífice, buscando plasmar su "bondad e inteligencia".
El encargo, recibido en marzo, supuso un desafío considerable debido al ajustado plazo. Ruiz, a pesar de su experiencia, sintió "muchísimo vértigo" ante la responsabilidad y el tiempo limitado. "La obra tenía que salir sí o sí, porque soy artista, pero también profesional", afirmó, ajustándose a un proceso que, aunque acelerado, resultó en una obra de dos metros de gran complejidad técnica que la dejó "muy satisfecha".
Este hito profesional, según la propia artista, sitúa al Papa León XIV como la figura más importante que ha retratado. Si bien confiesa que le gustaría pintar a David Gilmour, guitarrista de Pink Floyd, considera que pintar al Pontífice representa la cúspide de su carrera como retratista.
El proceso creativo se centró en evocar la figura del primer Papa agustino, San Agustín, y su encuentro con el niño en la playa. Ruiz integró referencias a la obra 'De Trinitate' y al misterio de la humildad ante la divinidad. La elección de la Basílica de San Juan de Letrán como escenario se debió a su conexión con León XIII, a la importancia de la basílica como catedral de Roma, y como homenaje a la Iglesia como mecenas de las artes, mencionando a artistas como Galilei y Borromini.
Para captar la personalidad del Pontífice, Ruiz investigó su faceta como matemático y pianista, encontrando una conexión especial. Destacó su "expresión muy particular y una sonrisa muy hermosa", logrando reflejar en la mirada una combinación de "inteligencia y bondad".
Aunque aún no ha podido dialogar formalmente con la Conferencia Episcopal, Ruiz sabe que el Papa ha visto el cuadro y ha expresado "palabras muy bonitas sobre él, con una profundidad y una inteligencia" que la impresionaron. "Nunca había recibido un piropo igual", confesó.
La metáfora pictórica de la obra se concentra a los pies del Pontífice, con elementos como las huellas del niño, un pozo de agua y una concha, aludiendo a San Agustín y al apóstol Santiago. El suelo de arena evoca los años del Papa en Perú, simbolizando la caridad y el amor al prójimo, transformando el "frío mármol en arena cálida".
La Basílica de San Juan de Letrán tiene una resonancia personal para Ruiz, quien expuso una obra sobre Madre Teresa en su atrio en 1997, siendo inaugurada por el entonces cardenal Joseph Ratzinger. Este encargo cierra un círculo significativo en su trayectoria profesional.




