La zona, que hace un año amaneció calcinada, muestra ahora una recuperación significativa. Los arbustos han crecido notablemente y las encinas quemadas están rebrotando, devolviendo el verde al paisaje.
Una visita al lugar revela que el negro y el color ceniza han cedido protagonismo al verde. Incluso un almendro dañado por las llamas ha logrado producir algunas almendras, evidenciando la fuerza de la vida abriéndose paso.
“"La capacidad de regeneración del bosque mediterráneo es impresionante. Hay que respetar su proceso y no cometer errores como meter maquinaria que dañe el suelo."
El portavoz de Ecologistas en Acción Granada, Javier Egea, destaca la importancia de no interferir en el proceso natural. Señala que la ausencia de animales, que tienden a comer los brotes tiernos, también favorece la recuperación.
El sotobosque, la vegetación que crece bajo los árboles, juega un papel crucial en la protección del suelo y en la retención de nutrientes, especialmente en una ladera con pendiente. Las llamadas 'malas hierbas' son fundamentales para sujetar la tierra.
Incluso los árboles calcinados cumplen una función en el ciclo natural. Al descomponerse, servirán como abono para los nuevos ejemplares que ya crecen a sus pies.
“"Esta loma, en cuestión de cuatro o cinco años normales, va a estar casi recuperada. La encina es la base y los pinos son algo anecdótico."
Egea estima que la loma podría estar casi recuperada en unos cinco años, reivindicando el valor de la encina como especie local frente a los pinos, que considera más propensos a arder rápidamente.
La prevención de futuros incendios es fundamental para asegurar la regeneración. Ecologistas en Acción Granada reclama vigilancia, especialmente tras un invierno lluvioso que ha generado una gran cantidad de vegetación seca susceptible de arder.




