El hallazgo de estos restos arqueológicos se produjo en el antiguo establecimiento de los Becerra, una familia con profunda raigambre en la hostelería sevillana. Enrique Becerra, quien regentó el restaurante durante más de cuarenta años, y su hijo Jesús, actual propietario del solar, han sido testigos de cómo la historia emerge bajo sus pies en un cruce de calles emblemático que incluye Joaquín Guichot, Gamazo, Jimios y Zaragoza.
La columna de Itálica es uno de los varios elementos que aparecieron durante una campaña de embellecimiento de fachadas en lugares “emblemáticos” de la zona, impulsada por el alcalde Alejandro Rojas-Marcos en paralelo al plan Urban previo a la Expo 92. Según Enrique Becerra, su suegro, constructor, adquirió estas columnas de Enrique Pavón, conocido por los derribos, y varias de ellas se encuentran dispersas por la calle Zaragoza.
El local, que abrió sus puertas como restaurante Becerra el 31 de octubre de 1979, fue un punto de encuentro clave para políticos durante la transición democrática, albergando reuniones de socialistas, comunistas y andalucistas. También fue cuna del Club Dumas, un grupo literario formado por Arturo Pérez-Reverte, Rafael de Cózar y Juan Eslava Galán, quien animó a Enrique Becerra a incursionar en la escritura.
La zona donde se ubica el hallazgo tiene una rica historia. Reyes Pro, historiadora, destaca que el Arquillo de Atocha era una de las entradas a un área que en el pasado fue un compendio de mancebías. Este cruce de calles, que hoy se corresponde con la calle Mariano de Cavia, era conocido como El Golpe, en alusión a la película El Golpe protagonizada por Robert Redford y Paul Newman.
El Hotel Inglaterra, inaugurado en 1857, es coetáneo de estos cambios urbanísticos y ha sido testigo de la evolución de la plaza, que pasó de apeadero de autobuses a fallida estación de metro. La rotulación de una calle con el nombre de Manuel Otero Luna, padre del actual director del hotel, honra a un hotelero y dirigente empresarial que fue Rey Mago en 1975.




