La primavera española, tradicionalmente una estación de temperaturas suaves, está experimentando un cambio drástico. Los registros actuales muestran valores cercanos a los 30 grados en pleno mayo, temperaturas propias del verano, lo que ha llevado a los expertos a señalar el cambio climático como el principal responsable de la desaparición del 'entretiempo' y la alteración de los patrones estacionales.
Desde mediados de mayo, España sufre un episodio de calor inusual, con termómetros entre 5 y 10 grados por encima de lo habitual para esta época. Estos valores, más propios de agosto, han llegado tras oscilaciones de hasta 15 grados en pocos días, evidenciando la intensificación de los fenómenos climáticos extremos.
“"Antes un episodio cálido como este podía durar 2 o 3 días como máximo, mientras que ahora vemos que se extiende hasta 2 semanas y que alcanza temperaturas más altas de lo esperable para esta época. Este tipo de extremos uno de los síntomas más claros del cambio climático."
El meteorólogo Mario Picazo explica que el calentamiento global ha eliminado el entretiempo en España, alargando el verano y acortando la primavera y el otoño. Las altas temperaturas se adelantan hasta un mes y tardan más en irse, modificando la definición misma de las estaciones y volviendo los fenómenos más extremos y prolongados.
Los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) confirman esta tendencia. Según su portavoz, Rubén del Campo, desde 2018, España ha experimentado mayoritariamente años cálidos o extremadamente cálidos. La temperatura media ha aumentado 1,75 grados desde 1961, reflejándose en estaciones más cálidas de lo normal, como el junio pasado que superó en 3,6 grados la media.
El calor extremo tiene repercusiones significativas en diversos sectores, desde la salud pública hasta la agricultura y el turismo. Los entornos urbanos, con el efecto 'isla de calor' sumado a la contaminación, son especialmente preocupantes, asociándose a un aumento de la mortalidad. Los expertos reclaman medidas de adaptación urgentes para mitigar estos efectos, ya que el calor asfixiante se está convirtiendo en una presencia habitual.
Aunque un episodio de calor en mayo no garantiza un verano extremo, el cambio climático aumenta las probabilidades. Los modelos estacionales de la Aemet pronostican un 60% de posibilidades de un verano más cálido de lo habitual en España, y a nivel global, la formación de El Niño podría dejar otro año de récords de temperatura.




