La investigación policial se inició a raíz de varias denuncias presentadas por personas afectadas. Según los informes, el detenido ganaba la confianza de sus víctimas a través de plataformas digitales antes de acceder a sus hogares. Una vez en el interior, aprovechaba descuidos para administrarles una mezcla de cocaína y benzodiacepinas sin su consentimiento.
El objetivo de esta práctica era dejar a las víctimas inconscientes para registrar las viviendas con total impunidad. Los afectados despertaban horas después con síntomas de desorientación, mareos y un malestar generalizado que, en algunos casos, requirió asistencia hospitalaria durante varios días.
Durante los robos, el sospechoso sustraía objetos de valor como joyas, dinero en efectivo y dispositivos electrónicos. Además, se llevaba los teléfonos móviles de las víctimas para dejarlas incomunicadas, dificultando así cualquier petición de auxilio inmediata tras recuperar la consciencia.
Las gestiones de los agentes permitieron reconstruir los movimientos del presunto autor, quien había intentado eludir la acción policial desplazándose hasta Barcelona. La colaboración entre las plantillas de la Policía Nacional en ambas ciudades fue determinante para proceder a su arresto.




