Roberto Montes (Madrid, 1992) no proviene de una formación académica en moda. Antes de fundar Bibencia, la marca que presenta en la 080 Barcelona Fashion, estudió Trabajo Social y ejerció la profesión. Un periodo de depresión lo llevó a reinventarse en València, donde la costura se convirtió en una vía de escape y expresión.
Su incursión en el diseño comenzó de manera autodidacta, utilizando una máquina de coser de Ikea de 60 euros. Este inicio humilde, marcado por el ensayo y error, sentó las bases de una estética que hoy define a Bibencia, caracterizada por la corsetería, las plumas y una feminidad dramática y romántica. La marca ha captado la atención de figuras públicas como Lola Índigo, Laura Escanes, Anabel Pantoja y Alana, La Hija del Jeque.
“"En mi casa, en la vida he visto una máquina de coser. Recuerdo a mi abuela hacerme disfraces con imperdibles."
La pandemia de COVID-19 fue un punto de inflexión. En un momento de incertidumbre, un amigo le envió materiales de costura, lo que le permitió crear sus primeras piezas. Una de ellas fue publicada en una revista valenciana, lo que le hizo considerar la costura como algo más que un pasatiempo. Su pareja, Néstor, se unió al proyecto, encargándose de la gestión y la parte empresarial, mientras Montes se dedica al diseño y la confección.
El nombre Bibencia surgió de una carta de su abuela, quien escribió "vivencia" con 'b', un error que Montes adoptó como homenaje a la memoria y al camino de las experiencias. Su colección de debut, Penélope, se inspira en la esposa de Ulises, simbolizando la disciplina, la constancia y la buena suerte que se construye con esfuerzo. La propuesta mantiene los códigos de la casa con corsetería, lazos y una paleta de colores que incluye rosa pastel, azul claro, blanco, negro y burdeos.
“"La verdadera buena suerte surge cuando el deseo de ser feliz se encuentra con la valentía de no rendirse nunca."
A pesar del éxito y la visibilidad, Montes mantiene una perspectiva realista sobre la industria de la moda. Compagina Bibencia con otro trabajo en una papelería de una universidad en València, reconociendo que la visibilidad no siempre se traduce en ingresos. Cada encargo y cada venta son celebrados como un logro personal y una señal de que su trabajo está en el camino correcto.




