En el barrio de Martiricos, la fisonomía urbana está cambiando drásticamente. Lo que antes eran calles bulliciosas con comercios de toda la vida, ahora son predominantemente edificios residenciales. Esta situación, que se replica en otras zonas de la ciudad, es un claro indicador de la crisis habitacional que enfrenta Málaga.
El Ayuntamiento de Málaga, a través de su área de Urbanismo, gestionó cerca de 300 solicitudes para convertir bajos comerciales en viviendas durante el año pasado. Los promotores inmobiliarios estiman que el déficit de vivienda en la capital aumenta en unas 700 unidades anualmente, lo que podría elevar la necesidad total a más de 30.000 viviendas en la próxima década.
“"Aquí la situación es triste, la mayoría de los locales los han dedicado a viviendas, han quitado todo lo que en este barrio era vida. Antes salías a las nueve de la noche había gente, se está cargando el barrio."
Este fenómeno ha llevado a que barrios enteros pierdan servicios esenciales como carnicerías, pescaderías o ferreterías, creando un ambiente desolador para muchos residentes. La autorización de aproximadamente cinco cambios de uso por semana en ciudades como Málaga, con requisitos mínimos de 30,50 m² para estudios, ha propiciado que algunos locales se dividan en hasta diez viviendas.
La conversión de estos inmuebles puede incrementar su valor entre un 30% y un 40%, lo que lo convierte en un negocio atractivo para inversores que buscan propiedades para alquiler vacacional o de larga estancia. A pesar de una moratoria en Málaga que restringe la inscripción de nuevas viviendas turísticas, la transformación de locales en residencias sigue siendo una práctica extendida.
“"Las trabas y lo que son todos los problemas, los impuestos como el trimestral del autónomo, el alquiler de local como son los gastos de la luz, el agua… la verdad que se hace todo un poco más cuesta arriba."
Los pequeños comerciantes, que luchan contra las cargas impositivas y los altos alquileres, ven mermadas sus ganancias, haciendo su labor cada vez más difícil. Esta situación no solo afecta la economía local, sino que también reduce la vida social y el sentido de comunidad en los barrios.