La figura de Boza Maljkovic fue central en la transformación del Unicaja, elevando al club a una nueva dimensión en el baloncesto europeo. Su exigencia y visión, durante su etapa entre 1999 y 2003, consolidaron las bases para el crecimiento posterior de la institución malagueña. El reciente reconocimiento en el Palacio de Deportes José María Martín Carpena, durante el descanso del partido contra el Valencia, estuvo cargado de emoción, con lágrimas del propio técnico y de varios de sus antiguos jugadores.
Antes de su llegada a Málaga, Maljkovic ya era una leyenda, habiendo ganado cuatro Euroligas con equipos como el Jugoplastika, el Limoges y el Panathinaikos. Su capacidad para adaptarse a diferentes plantillas y estilos de juego, desde equipos llenos de talento joven hasta conjuntos más aguerridos, le permitió alcanzar el éxito en diversas ligas europeas. El Unicaja lo fichó con 47 años, en la cúspide de su carrera, buscando replicar esos triunfos.
“"Málaga merece jugar la Euroliga. Si no tenéis dinero, yo os lo doy."
Durante el homenaje, Maljkovic recibió el Escudo de Oro del club y una ovación unánime del público del Carpena, pabellón que él mismo vio inaugurar. Bajo su dirección, el Unicaja no solo ganó la Copa Korac en el Palacio, sino que también se consolidó en la Euroliga, llegando al Top 16 en sus últimas temporadas. Su influencia se extendió más allá de la cancha, abogando por mejores condiciones para los trabajadores del club y exigiendo un nivel de profesionalismo que impulsó a toda la organización.
Aunque la Copa Korac fue su único título con el Unicaja, el impacto de Maljkovic se mide también por la competitividad que infundió al equipo. Estuvo cerca de alcanzar la final de la Copa del Rey en 2003 y disputó una final de la ACB en 2002. Su legado perdura en la memoria del club y de la afición malagueña, que reconoce en él al arquitecto de una era dorada del baloncesto en la ciudad, un espíritu que el actual presidente, Antonio Jesús López Nieto, se ha esforzado en mantener vivo.




