La presencia de tiburones blancos (Carcharodon carcharias) en el Mar Mediterráneo, aunque cada vez más rara, no es una novedad. Registros históricos de más de 150 años documentan su existencia en la región. Sin embargo, la sorpresa ante avistamientos recientes, como el filmado entre Túnez y Sicilia, subraya la singularidad de esta población, que se creía casi extinta.
A pesar de la creencia popular de que estos ejemplares son meros individuos perdidos del Atlántico, investigaciones recientes, como un estudio genético de 2020 liderado por la Universidad de Bolonia, revelan que los tiburones blancos del Mediterráneo constituyen una población única. Su ADN ha permanecido aislado durante aproximadamente 3,2 millones de años, lo que la convierte en una de las colonias más antiguas y distintivas del planeta, más relacionada con las poblaciones del Pacífico que con las del Atlántico.
Este linaje distinto presenta una diversidad genética extremadamente baja, lo que indica una población pequeña y frágil, clasificada en peligro crítico de extinción. La falta de conocimiento sobre su distribución, uso del hábitat y tendencias poblacionales dificulta enormemente sus esfuerzos de conservación.
Evidencias recientes refuerzan la idea de su persistencia. En abril de 2023, pescadores capturaron accidentalmente un ejemplar juvenil a unas 20 millas náuticas de Alicante. Este hallazgo, sumado al avistamiento de un adulto en el Estrecho de Sicilia, sugiere que la especie nunca abandonó completamente el Mediterráneo y que ciertas zonas podrían servir como hábitat de desarrollo o cría.
El aumento en la frecuencia de avistamientos documentados se atribuye a la mejora en la vigilancia (cámaras submarinas, ciencia ciudadana) y, potencialmente, a los efectos del calentamiento global. El cambio climático está alterando los ecosistemas marinos, modificando la distribución de presas y forzando a especies como el tiburón blanco a cambiar sus movimientos y hábitats. Esto puede llevar a que aparezcan en lugares o épocas inusuales, sin que necesariamente implique una recuperación de la población.
Los estudios con marcadores satelitales confirman que los movimientos de los tiburones están intrínsecamente ligados a las condiciones ambientales y la disponibilidad de presas. A pesar de más de 150 años de registros, los científicos aún desconocen dónde pasan la mayor parte de su vida estos animales, si existen áreas de cría y cuántos individuos quedan. El principal reto actual es proteger a este superdepredador en peligro crítico de extinción.




