Desde el viernes 14 de agosto, la actividad sísmica en el entorno de Granada ha sido constante, acumulando más de 430 terremotos y réplicas, la mayoría de ellos muy superficiales. Varios de estos temblores, especialmente intensos, han sido sentidos también en la provincia de Málaga, generando alarma entre la población.
Los seísmos más significativos, con magnitudes que alcanzaron los 4.8 grados y una intensidad V-VI, ocurrieron en la madrugada del 15 de agosto y la mañana del martes 18. Estos eventos provocaron que localidades como Alhendín, Gójar o La Subia experimentaran temblores notables. La repercusión ciudadana ha sido alta, con más de 15.000 cuestionarios recibidos por el Instituto Geográfico Nacional (IGN), indicando que más de 500 localidades, principalmente andaluzas, sintieron los efectos.
Los expertos del IGN señalan que la intensidad de los daños y efectos se sigue revisando, y que la región se encuentra en una de las zonas con mayor peligrosidad tectónica de la península ibérica. La baja profundidad de los focos sísmicos, a menos de 10 kilómetros, ha multiplicado la fuerza de las ondas sísmicas en la superficie.
En la provincia de Málaga, especialmente en comarcas como la Axarquía y la capital, se han reportado sustos y temblores prolongados. Aunque no se han registrado daños estructurales ni personales en Málaga, algunos vecinos abandonaron sus viviendas por miedo a las réplicas. Las incidencias más significativas han sido pequeños desprendimientos de objetos domésticos.
El origen de esta inestabilidad se atribuye a fallas de tipo normal, enmarcadas en la compleja interacción entre las placas tectónicas africana y euroasiática. El IGN mantiene un despliegue reforzado de sensores sísmicos para monitorizar la evolución del enjambre, que se suma a la actividad histórica de la zona, considerada de alta peligrosidad sísmica.




