La Marbella que conocemos hoy, un referente de lujo horizontal y exclusividad, podría haber sido muy diferente sin una decisión clave tomada por Francisco Franco en 1973. Antes de convertirse en el epicentro internacional que es, la ciudad corría el riesgo de seguir el camino de otros destinos mediterráneos con un desarrollo vertical masivo.
Durante su última visita a Marbella en el verano de 1973, con motivo de la inauguración de la nueva Clínica Incosol, el dictador observó con desaprobación dos torres recién construidas: el Hotel Hilton (actualmente Hotel Don Carlos) y Torre Real. Se dice que la visión de estos edificios altos le horrorizó, considerándolos una afrenta a la belleza natural de la costa, similar a lo ocurrido en Torremolinos y Benalmádena Costa.
La historia cuenta que inmediatamente ordenó que no se construyeran más rascacielos en Marbella, congelando el horizonte a un nivel de altura media-baja.
Esta directriz dio origen al conocido 'Modelo Marbella' de desarrollo urbano, que ha perdurado hasta la actualidad. A diferencia de otras zonas de la Costa del Sol, Marbella se centró en un lujo más discreto, caracterizado por villas, urbanizaciones privadas y hoteles de baja altura. Esta visión ya había sido impulsada por pioneros como Ricardo Soriano, el Príncipe Alfonso de Hohenlohe-Langenburg y José Banús, quienes abogaban por una construcción de estilo andaluz y de poca altura.
La política turística del régimen en las décadas de 1960 y 1970, orientada a atraer divisas, facilitó a estos promotores el apoyo y las licencias necesarias para desarrollar proyectos de lujo. La apertura de Puerto Banús en 1970, que atrajo a figuras como Hugh Hefner, Roman Polanski y la Princesa Grace de Mónaco, consolidó el estatus de élite de Marbella. Desde 1973, no se ha construido ninguna torre en la ciudad, preservando su carácter distintivo y exclusivo.




