La polémica acción tuvo lugar en el área local del estadio de Riazor, donde Chupe fue derribado por Ximo Navarro y Noubi. Ni el colegiado Arcediano Monescillo ni el responsable del VAR, Caparrós Hernández, consideraron la jugada como pena máxima en su momento, una decisión que ahora el CTA rectifica.
La decisión de campo no fue correcta y se debió sancionar la acción con penalti.
Según la explicación del CTA, para que una acción sea penalti, debe cumplirse que el contacto posterior del defensor sea temerario o con uso de fuerza excesiva, o que el contacto impida al atacante continuar disputando o controlando el balón. En este caso, se dio la segunda circunstancia, ya que el balón estaba al alcance del jugador del Málaga CF.
El organismo arbitral concluye que el VAR debió intervenir debido a la claridad del derribo, calificando la inacción como un "error claro, obvio y manifiesto" por parte del árbitro en el campo. Aunque el impacto en el resultado final del partido es especulativo, la confirmación del CTA asegura que el Málaga CF debió haber tenido, al menos, una oportunidad de penalti.




