La ola de calor y la virulencia de los incendios forestales que asolan la geografía española han llevado a que numerosos municipios, desde Chinchón hasta Badajoz, pasando por El Campello y Huesca, suspendan los fuegos artificiales de sus fiestas mayores. Esta medida preventiva busca evitar catástrofes en entornos naturales y urbanos, a pesar de ser tradiciones arraigadas.
Ayuntamientos como el de Soto del Real (Madrid) y El Campello (Alicante) han justificado la suspensión argumentando que la prevención y la protección del entorno natural y de las personas deben primar sobre los intereses festivos. En Antequera (Málaga), se ha optado por sustituir los fuegos por un espectáculo de drones.
El sector pirotécnico califica el año de "catastrófico", denunciando una "cascada de cancelaciones" y sintiéndose "cabeza de turco". La Asociación Española de la Pirotecnia (Aepiro) señala que los incendios forestales originados por pirotecnia representan solo el 0,049% de las hectáreas quemadas en los últimos años, y defiende que su actividad está "totalmente regulada y es segura", con controles y medidas de seguridad.
Nicolás Magán, director de Aepiro, critica que se trate a la pirotecnia "como si no tuviéramos ley y orden" y cuestiona las cancelaciones sistemáticas, especialmente en Andalucía. Recuerda el impacto económico del sector, que genera 20 euros por cada euro invertido y mueve a miles de personas, además de considerarlo un "arte, cultura y patrimonio".
A pesar de la tendencia general, algunos consistorios como San Sebastián de los Reyes (Madrid) o L'Ametlla de Mar han mantenido sus espectáculos reforzando las medidas de seguridad y con dispositivos preventivos de bomberos.




