La investigación, desarrollada en modelos animales y publicada en la revista ‘Brain Behavior and Immunity’, ha demostrado que un golpe fuerte en la cabeza puede generar cambios celulares y moleculares duraderos. Estos cambios, aunque sutiles, alteran el comportamiento de los individuos ante futuros episodios de estrés, particularmente en contextos de agresión y derrota social.
El estudio señala que el hipotálamo, una región clave del cerebro que regula la respuesta al estrés, responde de manera diferente tras un traumatismo, disparando su inflamación. Esto se asocia con conductas de ansiedad y evitación.
Las células de la microglía, responsables de la neuroinflamación, juegan un papel crucial. Tras el traumatismo, estas células parecen adquirir una 'memoria inmune', sensibilizándose y activándose de forma intensificada ante futuros estresores, lo que se traduce en cambios morfológicos y una mayor producción de mediadores inflamatorios.
Sorprendentemente, estas alteraciones cerebrales no se correlacionan con un aumento en los niveles de cortisol en sangre, sugiriendo una respuesta cerebral al estrés distinta a la hormonal sistémica.
Los hallazgos, que forman parte de la tesis doctoral de la investigadora Ana Léon, se alinean con datos clínicos sobre alteraciones endocrinas en pacientes con traumatismos, apuntando al hipotálamo y la microglía como actores relevantes en los mecanismos subyacentes.




