El cielo plomizo y el olor a quemado del pasado domingo y lunes en muchos puntos de la provincia de Jaén alertaron a numerosos vecinos, quienes realizaron llamadas al Servicio de Emergencias 112. Las grandes cantidades de humo generadas por los incendios en el centro de la Península han viajado cientos de kilómetros hasta alcanzar la provincia.
Datos del portal IQAir indicaron que la concentración de partículas PM2,5 en Jaén superaba 2,4 veces el nivel de referencia anual de la OMS, aunque el índice de calidad del aire se mantenía en riesgo moderado. El 112 advirtió que el humo podría persistir, y que partículas aún más pequeñas y perjudiciales, no medidas por este dispositivo, también se han desplazado.
Lucas Alados-Arboledas, investigador del Grupo de Física de la Atmósfera (GFAT) de la Universidad de Granada (UGR) y del Instituto Interuniversitario de Investigación del Sistema Tierra en Andalucía (IISTA), explica que el desplazamiento del humo se debe a la magnitud de los incendios y a las condiciones atmosféricas, especialmente el viento.
"Cada verano hay incendios en Canadá y el humo ha llegado hasta Europa", recuerda el investigador. En esta ocasión, los focos estaban más cerca y un flujo de aire del norte o noroeste favoreció el descenso de la masa de humo hacia el sur peninsular.
Alados-Arboledas compara el fenómeno con los episodios de polvo sahariano: "El viento es capaz de transportar partículas a enormes distancias". La magnitud de los fuegos recientes ha hecho que el fenómeno sea más evidente que en situaciones similares del pasado verano.
El experto detalla que el humo está compuesto por partículas muy pequeñas, como hollín, muchas de ellas inferiores a las PM2,5. Dependiendo de la vegetación y el terreno, pueden incorporarse partículas minerales. "Las que llegan más lejos suelen ser precisamente las partículas más pequeñas", señala, y son las que presentan mayor riesgo sanitario.
Estas partículas finas pueden penetrar en las vías respiratorias e incluso incorporarse al flujo sanguíneo. El hollín contiene compuestos potencialmente cancerígenos y, además de afectar la salud, impacta en el clima al absorber radiación solar. Alados-Arboledas considera que el humo de incendios es "más agresivo" que la calima o la contaminación habitual.
El investigador insiste en que el viento es decisivo, alimentando el incendio y transportando el humo. La circulación atmosférica empujó la contaminación de los incendios del centro peninsular hacia el sur, alcanzando Jaén.
De cara al futuro, Alados-Arboledas advierte que estos episodios podrían repetirse con mayor frecuencia debido al aumento de las temperaturas extremas, que incrementan el riesgo de incendios.




