Este hallazgo, plasmado en un libro de estatutos que abarca desde 1514 hasta 1618, redefine la percepción de las cofradías de la época. A diferencia de las actuales, estas agrupaciones, denominadas piadosas o de ganancias, tenían entre sus obligaciones la asistencia a heridos, la protección de los habitantes y el entierro de los fallecidos, especialmente en un contexto de constantes amenazas por parte de los nazaríes de Granada.
Según fuentes del Archivo Histórico, estas cofradías surgieron en la Edad Media, tras la conquista de Jaén por Fernando III. Su misión principal era salvaguardar a los ciudadanos, no solo durante los ataques directos a la ciudad, sino también cuando los campesinos debían salir de la protección de las murallas para realizar sus labores agrícolas.
Tanto las autoridades eclesiásticas como las civiles intentaron ejercer control sobre estas organizaciones. Un ejemplo notable ocurrió en 1631, cuando un visitador del obispado intentó inspeccionar los libros de estas cofradías para fiscalizar sus actividades económicas. Los priostes, en respuesta, solicitaron la defensa del Concejo, argumentando que eran cofradías de legos fundadas para la defensa del reino de Jaén y que cumplían fielmente sus estatutos.
El Concejo de Jaén, según un acuerdo capitular del 18 de junio de 1631, decidió proteger a estas cofradías, reconociendo que cumplían sus objetivos religiosos, como misas y aniversarios. Se permitió al visitador eclesiástico revisar los libros de cuentas parroquiales, pero sin interferir directamente en la documentación interna de las cofradías.
Sin embargo, la independencia de estas cofradías se vio comprometida en 1782, cuando el Concejo de Jaén solicitó que sus bienes se incorporaran al caudal de propios de la ciudad para el pago de una contribución extraordinaria. Una real orden, emitida en Madrid el 6 de diciembre de 1782, dictaminó que, una vez cubiertas las cargas de misas y aniversarios, el excedente monetario se destinaría a dicha contribución.
Un informe posterior detalla cómo propiedades como 75 casas, 147 hazas, 53 huertas y 35 olivares, entre otros bienes, fueron agregados al patrimonio municipal, generando una producción anual de 32.443 reales y 26 maravedíes. A pesar de las protestas, a partir de 1783, los bienes de estas cofradías laicales pasaron a formar parte de los propios de la ciudad de Jaén, incluyendo su documentación, que hoy en día enriquece el Archivo Municipal, como el libro de estatutos expuesto durante el mes de abril en la sede del Banco de España.




