La operación se inició después de que la Força Aérea Portuguesa detectara tres lanchas de alta velocidad sospechosas de transportar sustancias ilícitas durante una misión rutinaria de vigilancia marítima. La información fue trasladada a la Polícia Judiciária, que coordinó un dispositivo conjunto con la Polícia Marítima y la Marinha Portuguesa.
La persecución de una de las embarcaciones sospechosas se prolongó durante aproximadamente 40 minutos y se desarrolló en condiciones meteorológicas adversas, según detallaron las autoridades lusas. Durante la huida, los ocupantes de la lancha arrojaron varios bidones de combustible al mar en dirección a las embarcaciones policiales para dificultar la aproximación y evitar el abordaje.
A pesar del despliegue de medios especializados, incluyendo embarcaciones tácticas y efectivos de fusileros navales, la lancha consiguió finalmente escapar. Este incidente se produjo horas después de un trágico suceso en aguas cercanas a Huelva, donde dos agentes de la Guardia Civil fallecieron durante una intervención contra otra embarcación vinculada al narcotráfico.
“"La Autoridad Marítima Nacional portuguesa destacó la cooperación entre cuerpos policiales y marítimos en la lucha contra el narcotráfico organizado y trasladó además su solidaridad con la Guardia Civil por el suceso ocurrido ese mismo día en aguas cercanas al litoral andaluz."
Este episodio vuelve a poner de manifiesto la creciente actividad de las narcolanchas en el entorno del Golfo de Cádiz y el Estrecho de Gibraltar, una de las principales rutas utilizadas para el tráfico de hachís y cocaína entre el norte de África y la Península Ibérica.




