La comunidad autónoma de Andalucía ha llevado a cabo una significativa reducción de la superficie ocupada por eucaliptos, eliminando más de 117.269 hectáreas en las últimas cuatro décadas. Esta iniciativa busca principalmente mitigar el riesgo de incendios forestales, ya que el eucalipto es considerado más propenso a la propagación del fuego, y al mismo tiempo, fomentar la recuperación del monte mediterráneo y la diversidad de especies autóctonas.
Según datos de la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, la superficie actual de eucaliptales ronda las 150.000 hectáreas, una cifra considerablemente menor a las aproximadamente 267.269 hectáreas registradas hace unos cuarenta años. Destaca especialmente la provincia de Huelva, que ha liderado esta reducción con una disminución de 63.700 hectáreas de eucaliptos.
Esta política de sustitución cobra especial relevancia ante la intensa temporada de incendios que está sufriendo Andalucía, particularmente Huelva. La Junta de Andalucía ha reafirmado su compromiso de continuar con el Plan Forestal Andaluz y su Adecuación Horizonte 2030, que contempla la progresiva reducción de eucaliptos y el impulso de especies nativas.
El presidente de la Junta, Juanma Moreno, ha subrayado el objetivo de «recuperar poco a poco el monte mediterráneo andaluz», «proteger la biodiversidad» y fortalecer la resiliencia de los ecosistemas frente al cambio climático. Durante una visita a un puesto de mando en Niebla (Huelva) por un incendio, comparó la resina del eucalipto con «gasolina» por su contribución a la propagación del fuego.
La recuperación de 84.300 hectáreas de eucaliptales con baja aptitud ecológica está en marcha, como en el caso de Doñana, donde se busca restaurar especies propias del paisaje arenoso. En montes públicos de Huelva y Sevilla, ya se han sustituido eucaliptos por formaciones mixtas de coníferas y frondosas, incluyendo pinos, encinas y alcornoques, árboles emblemáticos del paisaje mediterráneo.
La estrategia no implica la erradicación total de los eucaliptos, sino la sustitución de aquellas masas con menor valor ecológico por especies autóctonas más resistentes a la erosión y la sequía. Se busca también crear un mosaico vegetal más diverso para reducir la continuidad del combustible y dificultar la propagación de incendios.
Esta estrategia se complementa con el fomento de la ganadería extensiva para el control del sotobosque y el aprovechamiento sostenible de la madera. Los eucaliptales con función productiva se mantendrán, pero su presencia se limitará a terrenos con mayor aptitud para este uso, mientras que en zonas protegidas se priorizará la conservación del monte autóctono.




