La pompa vaticana y el interés mediático que rodea las visitas papales a menudo transforman estos viajes en acontecimientos de gran magnitud. La última visita de un Santo Padre a Andalucía antes de la esperada llegada del Papa León XIV fue la de Juan Pablo II, quien visitó la región en 1982 y 1993, dejando anécdotas para el recuerdo. Una de las más destacadas ocurrió en Granada.
En su llegada a la capital de la Alhambra, el Papa Wojtyla se encontró con que su vehículo oficial, el papamóvil, había sufrido una avería. Ante la imposibilidad de perderse una cita importante, optó por un medio de transporte local: un autobús de la compañía Alsina Graells, con matrícula de Almería (AL-3337-G). Esta empresa era muy conocida en Andalucía Oriental, y sus autobuses, popularmente llamados 'alsinas', eran una imagen cotidiana para los habitantes de provincias como Granada, Málaga, Almería y Jaén. Actualmente, la firma Alsa, de origen asturiano, ha absorbido a las 'alsinas'.
El papamóvil, una innovación reciente tras un atentado en 1981, contaba con cristales blindados para garantizar la seguridad del Sumo Pontífice. Sin embargo, su avería obligó a Karol Wojtyla a tomar el autobús de Alsina Graells para dirigirse a la Basílica de las Angustias, tal como recogieron las crónicas de la época del periódico Ideal. Este hecho generó un 'éxtasis colectivo' entre los granadinos, que veían a su Papa viajar en un vehículo tan familiar.
Durante su visita, Juan Pablo II congregó a cientos de miles de personas en una explanada cercana al barrio de Almanjáyar, una zona que en aquel entonces se encontraba entre las más desfavorecidas de España y que hoy está prácticamente urbanizada. La gira de 1982 incluyó también Sevilla, donde beatificó a Sor Ángela de la Cruz, y recorrió un total de 18 ciudades en 11 comunidades autónomas, coincidiendo con el inicio del primer Gobierno del PSOE de Felipe González.
Las estadísticas de la época reflejan el impacto del 'huracán Wojtyla'. En los años finales de los 70 y principios de los 90, muchos niños fueron bautizados como Juan Pablo, alcanzando un pico en 1982. La figura de un Papa cercano, que se subía a un autobús como uno más, caló hondo en la sociedad española.




