El sonido de los cencerros de las ovejas es una melodía familiar para quienes conocen la provincia de Granada. En Andalucía aún quedan reductos donde pastores reales mueven sus rebaños siguiendo métodos milenarios.
Jorge Gallegos, el último de estos pastores nómadas en las Alpujarras, explica que la altitud de la zona es ideal para las ovejas, pero el frío invernal le obliga a trasladarlas a la costa. Con la llegada de la primavera, el rebaño emprende el camino de regreso a las altas sierras.
La trashumancia, nombre técnico de este desplazamiento estacional, era practicada hace dos siglos por decenas de pastores en Granada, Almería y Málaga. La orografía de la región, con la cercanía de montañas y playas, favorece este método.
“"Es como tener 1.200 hijos y tener que estar pendiente de que estén bien."
Jorge Gallegos González, originario de Bubión, en el Parque Nacional de Sierra Nevada, pasa la mayor parte de su tiempo en la ladera, cuidando de su rebaño. Le acompañan un perro pastor y dos mulas para transportar provisiones, pasando semanas al aire libre.
A sus 24 años, Jorge lleva una década dedicado a tiempo completo a este oficio, heredado de su abuelo, conocido como ‘El Platilla’. A pesar de la soledad inherente al trabajo, destaca la conexión con la naturaleza como su principal recompensa.
Este año, un equipo de la Universidad de Granada, compuesto por antropólogos y expertos en métodos de cultivo medievales, acompaña a Jorge en su traslado. El profesor de Geografía Humana, Jose Luis Serrano, subraya la importancia de aprender de esta práctica.
El recorrido, que supera los 100 kilómetros y se realiza en seis etapas, culminará en la Sierra Nevada. Toda Andalucía está surcada por antiguas vías pecuarias, como las cañadas, cordeles y caminos reales, cuya construcción está protegida por ley.
La cría de ganado es fundamental en la labor de Jorge, quien gestiona un centenar de carneros para la reproducción, de la que nacen hasta 1.500 corderos anualmente.
Dos aspectos modernos sorprenderían a su abuelo: la escolta policial en zonas urbanas para garantizar la seguridad del rebaño y la celebración de una fiesta de la trashumancia en el corazón de Madrid, promovida para concienciar sobre esta práctica ancestral.




